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La Orden de Caballeros de San Clemente y San Fernando vuelve a organizar un Ciclo de Conferencias, que en este año 2017 viene con el título Sevilla y la Cultura Naval

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 Información de actividades que realizará la Orden de Caballeros de San Clemente y San Fernando

 Sevilla y la Cultura Naval

Como viene siendo habitual, la Orden de Caballeros de San Clemente y San Fernando vuelve a organizar un Ciclo de Conferencias, que en este año 2017 viene con el título Sevilla y la Cultura Naval en el cual venimos a promover un conocimiento de primer orden a la vez que resaltamos la excelente labor desarrollada a lo largo de su historia por nuestra Armada.

Las mencionadas conferencias tendrán lugar los próximos días 24, 26 y 31 de octubre, a las 19:00 horas, en la Casa Capitular de la Orden, sita en la C. Santa Paula, 9, de Sevilla que se desarrollará de la siguiente manera:

Martes, 24 de octubre de 2017:

  • Inauguración presidida por el Excmo. Sr. Almirante de la Flota, D. Juan Rodríguez Garat
  • Conferencia inaugural: El pleito Cádiz-Sevilla por la Casa de la Contratación, a cargo de D. Manuel Ravina Martín, Director del Archivo General de Indias

Jueves, 26 de octubre de 2017:

  • Conferencia: La Enseñanza Naval. Tres siglos formando marinos, a cargo de la Dra. Ilma. Sra. Dña. Carmen Torres López, Órgano de Historia y Cultura Naval

Martes, 31 de octubre de 2017:

  • Conferencia: Sevilla y América. Relaciones político-eclesiásticas, a cargo del Dr. D. José Luis Mora Mérida, Universidad de Sevilla
  • Clausura presidida por el Ilmo. Sr. Capitán de Navío, D. Francisco Javier Bugatto Nieto, Comandante Naval de Sevilla y Conservador del Museo Marítimo “Torre del Oro”

 

Por otro lado, el próximo día 19 de octubre tendrá lugar la presentación del capítulo quinto de Lugares de Paz y Oración, dedicado en esta ocasión al Real Monasterio de Santa Inés, del cual adjuntamos invitación.

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Por |Sábado, octubre 7, 2017|

Luis de Borbón y Farnesio. El infante que pudo reinar; por D. José M. Huidobro

Artículo de fecha 21-04-2017 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 57 libros y más de 1.000 artículos.

 

Luis de Borbón y Farnesio. El infante que pudo reinar

 Luis Antonio Jaime de Borbón, infante de España, cardenal y arzobispo de Toledo y Sevilla, XIII conde de Chinchón y protector de numerosos artistas.

Hermano menor del Rey Carlos III, es un exponente del Siglo de las Luces español. Personaje importante aunque poco conocido de la historia de España.

Retrato del cardenal-infante don Luis, por Mengs

Retrato del cardenal-infante don Luis, por Mengs

*Nació Luis Antonio el 25 de julio de 1727, en el palacio del Buen Retiro de Madrid, le pusieron de nombre Luis en honor a su hermano Luis I fallecido en 1724, siendo apadrinado por su hermano Fernando (entonces príncipe de Asturias). Era el menor de los hijos varones de Felipe V y de su segunda esposa Isabel de Farnesio; tuvo por hermanos a Fernando VI, Carlos III, María Ana (reina de Portugal), Felipe (duque de Parma), María Teresa (esposa del delfín de Francia) y María Antonia (reina de Cerdeña) y a los entonces ya fallecidos: Luis I, Felipe, Felipe Pedro y Francisco.

En 1728 su padre sintiéndose enfermo (perdía en ciertos momentos la cabeza) intentó dejar la Corona a su hijo Fernando (VI), cosa que logro impedir Isabel de Farnesio, que tuvo que retirarle al Rey la tinta y el papel para que no lo intentara de nuevo.

En 1729 se separaron de la familia su hermana María Ana Victoria casada con el heredero de la corona portuguesa José de Braganza y su hermanastro Fernando, al que Isabel casó el 19 de enero con Bárbara de Braganza, dos años mayor, enfermiza, voluminosa y con el rostro surcado por profundas cicatrices de viruela, dejándoles como residencia el vetusto Alcázar madrileño.

El 27 de enero de 1729 y con objeto de mejorar la depresión del Rey, la familia real se traslada a Sevilla, en donde poco a poco se fue reponiendo Felipe V. Desde allí partió a finales de 1731 su hermano Carlos a hacerse cargo de los ducados de Parma, Toscana y Plasencia. Entonces Luis Antonio contaba con cuatro años y no volvería a ver a su hermano hasta 28 años más tarde, ya como Carlos III.

A principios de 1733 estalla el conflicto por la sucesión al trono polaco y viendo la posibilidad de aprovechar tal guerra para recuperar los reinos de Nápoles y Sicilia, decidieron volver a Madrid, instalándose en mayo en el Real Sitio de Aranjuez. Allí pasó Luis Antonio el resto de su infancia, en compañía de su madre y de sus hermanos Felipe, María Teresa y María Antonia.

En 1734 en plena guerra europea su hermano Carlos conquisto los reinos de Nápoles y Sicilia, pero perdió los ducados italianos. El mismo año ardió el Alcázar de Madrid y Fernando (VI) y Bárbara hubieron de trasladarse al palacio del Buen Retiro. También se conoció en las cortes de España y Francia la imposibilidad física de engendrar por parte del príncipe Fernando (VI).

El infante don Luís, de niño, por Goya

El infante don Luís, de niño, por Goya

Luis Antonio había pasado sus primeros 7 años al cuidado de las mujeres, conforme marcaban las reales costumbres. Al cumplir los siete años se le puso cuarto aparte y paso a ser cuidado por los hombres de su cámara, siendo su ayo Aníbal Scotti. Durante esos años aprendió geografía, historia, religión, música, dibujo, francés, italiano, castellano y todo cuanto debía de saber un infante de la época.

El príncipe Fernando (VI) seria el futuro rey de España, el príncipe Carlos ya era rey de Nápoles, aún existían esperanzas de recuperar los ducados italianos de Parma y de Toscana para el príncipe Felipe (pues la reina era la heredera legal tanto de los Farnesio como de los Medicis) ¿Para Luis Antonio que quedaba? En 1734 murió el cardenal y arzobispo de Toledo Diego de Astorga y Céspedes y la Reina vio claro el futuro del menor de sus varones: seria la máxima autoridad eclesiástica en España, pues lo más parecido a una corona era una mitra.

Felipe V mostró al Papa su deseo de que el arzobispado pasara al infante. Clemente XII puso obstáculos, arguyendo la escasa edad del infante (y molesto con los Borbones por sus reclamaciones en Italia); no obstante, el 10 de noviembre de 1735 nombra a Luis Antonio administrador perpetuo en lo temporal de la diócesis de Toledo y el 9 de diciembre, le concede el capelo cardenalicio como cardenal-diácono de la Santa Romana Iglesia de Santa María de la Scala. Luis Antonio toma, oficialmente, posesión de la diócesis de Toledo, el 26 de noviembre del año siguiente, Clemente XII le otorga también la administración espiritual de la misma.

Cardenal don Luís, en 1742

Cardenal don Luís, en 1742

Felipe V cayó en uno de sus peores momentos de depresión e Isabel de Farnesio, conociendo que solo el canto calmaba sus arrebatos, mando llamar a Farinelli. El 25 de agosto, recién llegado a la Granja, cantó Farinelli para Felipe produciéndose una milagrosa curación. Se ocupó también la reina de buscar esposas para sus hijos. Así, caso en 1738 a Carlos con María Amalia de Sajonia y en agosto de 1739 a Felipe con la primogénita de Luis XV de Francia. Fue una época muy feliz para Luis Antonio, el palacio de Aranjuez bullía en actividades cortesanas y culturales. 

Escudo del cardenal-infante en el palacio arzobispal de Alcalá de henares

Escudo del cardenal-infante en el palacio arzobispal de Alcalá de Henares

En octubre de 1739 muere el emperador austriaco y toda Europa vuelve a la guerra (por la sucesión). El 19 de noviembre de 1741 Luis Antonio es investido Arzobispo de Sevilla, administrador in temporalibus. En febrero de 1742 su hermano Felipe parte para Italia con objeto de conseguir los ducados reclamados por su madre, Luis no le volvería a ver nunca más.

Los días 12, 13 y 14 de febrero de 1743 se celebró en Madrid la concesión de capelo cardenalicio a Luis Antonio, con fuegos artificiales y gran solemnidad, tras la celebración es su hermana María Teresa la que parte para Francia, casada con el Delfín para asegurar el apoyo francés en la guerra italiana.

El estatus de Luis Antonio y el monto de sus bienes rayaban en lo más alto, para satisfacción de la reina. Durante su minoría de edad las dos sedes arzobispales estuvieron en manos de administradores. Continuando Luis residiendo en la corte y no mostrando inclinación alguna ni por la iglesia ni por la vida religiosa, no ordenándose nunca sacerdote y empezando a albergar serias dudas de conciencia.

Luis Antonio no era especialmente brillante, con una madre absorbente y posesiva y una educación que dejaba mucho que desear, salió irresponsable, callado y, por el momento, poco interesado por el mundo de las artes. Su interés fundamental era la caza a la que dedicaba casi todo su tiempo libre.

En 1746 muere su padre Felipe V y su madre Isabel de Farnesio es recluida (debido a su incurable propensión a la intriga y el entrometimiento) en el Real sitio de la Granja de San Ildefonso, por su hijastro el nuevo rey Fernando VI. Con ella permanecieron sus hijos Luis Antonio y María Antonia, así como la esposa de su hijo Felipe, Luisa Isabel.

A los 24 años Luis Antonio aún estaba bajo la tutela de su anciano ayo Aníbal Scotti, encontrándose su casa en el mayor desorden administrativo. El rey Fernando le tenía en gran estima y Luis solía frecuentar la corte de Madrid, con lo que podía mantener puntualmente informada a su madre de todo lo que acontecía en la Corte.

En 1748 finaliza la guerra y el tratado de Aquisgran concede a Felipe los ducados de Parma, Plasencia y Guastala y Luisa Isabel parte para reunirse con su esposo. En diciembre de 1749 María Antonia se casa con Víctor Amadeo, heredero al Trono sardo, afianzando los tronos de los infantes Felipe y Carlos.

En 1754, con 27 años de edad, prescindiendo de la opinión de su madre, consciente de su falta de vocación religiosa y de su fuerte inclinación por el sexo, decidió presentar a Fernando VI y a Benedicto XV su renuncia a todos los cargos eclesiásticos. El Papa acepto su renuncia el 18 de diciembre de 1754 y le concedió, como compensación, una pensión anual de 946.107 reales sobre las rentas del arzobispado de Toledo.

El 27 agosto de 1758 murió de un terrible cáncer de útero la reina Bárbara de Braganza y el rey, desolado, partió el mismo día, con Luis Antonio al palacio de Villaviciosa de Odón (Madrid). Allí hablando continuamente de su difunta esposa, preso de serios desequilibrios mentales y durmiendo en un jergón con terribles pesadillas, falleció el 10 de agosto de 1759, nombrando sucesor a su hermano Carlos.

Desde Villaviciosa partió Luis a Guadalajara, siguiendo las directrices maternas, a recibir a su hermano Carlos, que no llegaría hasta diciembre. Su madre en silla de ruedas y casi ciega, se siente triunfante y regenta el estado, con la ayuda de Luis Antonio, hasta la llegada de Carlos.

Al heredar Carlos la corona española, conforme al tratado de Aquisgrán, debería dejar el reino de Nápoles a su hermano Felipe y este debería devolver los ducados a Austria y Cerdeña. No obstante Carlos consiguió que estos (en guerra con Prusia e Inglaterra) aceptaran una indemnización y consintieran que cediese el trono de Nápoles a su hijo Fernando.

El 19 de julio de 1759 Carlos III fue investido rey y su hijo Carlos (IV) de once años, fue reconocido como príncipe de Asturias. No obstante el propio Carlos III sabía que ninguno de sus hijos tenía derecho a ser su heredero, por haber nacido y sido educados fuera de España, conforme a la Ley de Sucesión dictada por Felipe V y su subordinación a la ley de Toro. El infante Luis Antonio era él legítimo sucesor de Carlos III. Los dos hermanos se alegraron del reencuentro y compartieron, desde entonces, cacerías y entretenimientos, más aún cuando en 1760 murió la reina María Amalia. Pero, a pesar del afecto, Luis Antonio pronto comenzó a verse forzado al celibato, pues su hermano Carlos le cerraba el paso a cualquier proyecto de matrimonio con princesas extranjeras, para evitarse problemas sucesorios.

Luis Antonio no contaba con bienes propios que poder dejar a sus descendientes, pero recibía importantes rentas de muchísimas encomiendas militares, que le suponían el control de extensísimas propiedades rurales por toda la mitad sur de la península, pues había sido investido, ya desde pequeño, con los hábitos de las cuatro ordenes militares. Procedió pues ha hacerse con un patrimonio propio.

En 1761 Luis Antonio compró el señorío de Boadilla a la señora de Mirabel, por 1.200.000 reales que aumento con compras a los concejos de Boadilla y Pozuelo de Alarcón, a los premonstratenses de San Joaquín de Madrid, y a las monjas de Santa Clara de Boadilla y el mismo año compro a su hermano Felipe (por catorce millones de maravedís) el extenso condado de Chinchón, que se encontraban próximos al señorío de Boadilla y a la corte de Madrid.

En 1766, tras el motín de Esquilache, Carlos III se retira a Aranjuez, donde muere su madre Isabel. Luis Antonio heredó de su madre, entre otros objetos de valor, una extensa y valiosa colección de pintura que deposito en su palacio de Boadilla. Pero la muerte de su madre hizo más obvia su falta de familia propia y ello le llevó a reflexionar de forma decidida sobre la posibilidad de contraer matrimonio. Pero seguía Carlos III empecinado en que se mantuviese célibe para evitar problemas sucesorios. Con lo cual, tuvo don Luis que buscar amor y sexo lejos de la corte y en las mujeres del pueblo llano que no pusiesen en peligro su alta posición.

El rey se vio finalmente en la obligación moral de permitir el matrimonio a su hermano, aunque sin dejar de proteger los intereses de sus herederos. Le propuso así matrimonio con su propia hija María Josefa, que no se llegó a realizar.

En 1776, y ante la urgencia de su hermano, Carlos III accedió por fin a su boda pero como no quería dejar el menor resquicio, que a su muerte, pudiese aprovechar su hermano Luis Antonio (o sus hijos) para reclamar el trono, dicto una pragmática mediante la cual se apartaba del trono a todo infante que se casara con persona que no fuera de sangre real o cuyo matrimonio no fuere consentido por el rey. Y en el caso de que tal matrimonio se produjera, los hijos del infante no heredarían ni el apellido ni las armas de los Borbones.

Luis Antonio no estaba enamorado de dama alguna y la tan deseada esposa fue buscada entre las más idóneas. Inmediatamente florecieron las propuestas de jóvenes damas (una hija del duque de Parque, una sobrina del marqués de Campo Real, etc.) y la elección recayó finalmente, en una modesta sobrina del marqués de San Leonardo, que vivía recogida en la casa de este en La Granja, siendo su tía la marquesa quien velando por los intereses de la joven, había aireado su candidatura.

María Teresa de Vallabriga y Rozas había nacido en Zaragoza el 6 de noviembre de 1759 (era 32 años más joven que el infante) y solo se habían visto de forma esquiva en los jardines de la Granja. La boda se celebró en la capilla del palacio de los duques de Fernandina en Olías del Rey, el 27 de junio de 1776.

Palacio del Infante don Luis, en Boadilla del Monte (Madrid)

Palacio del Infante don Luis, en Boadilla del Monte (Madrid)

En 1783 se trasladaron al nuevo palacio, aún en construcción, bajo la dirección de Ventura Rodríguez. Al palacio se le doto de jardines, escalinata, torreones, oratorio, etc. El infante pasaba sus horas entre la caza y una gran dedicación a sus libros, sus colecciones y aficiones artísticas y científicas. Don Luís siguió acudiendo a la corte donde no podían ser recibidos ni su esposa ni sus hijos. La muerte le vino el 7 de agosto de 1785 en arenas de San Pedro (Ávila) y, en 1800, su cuerpo fue trasladado al panteón de El Escorial.

*Información extractada de: http://www.boadilla.com/pages/luis.htm

Para saber más

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 Publicado en el blog “Hidalgos en la Historia” cuyo blogmaster es D. J. Manuel Huidobro

 http://hidalgosenlahistoria.blogspot.com.es/

Por |Sábado, octubre 7, 2017|

La Real Asociación de Hidalgos de España se ha pronunciado sobre la unidad de España y en apoyo al Rey

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La Real Asociación de Hidalgos de España  se ha pronunciado sobre la unidad de España y en apoyo al Rey y, desde luego, a la Guardia Civil y Policía Nacional.

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Por |Viernes, octubre 6, 2017|

Escudo de armas para la villa residencial de Centro de Abundanttia, Estado de Tlaxcala, México, trabajo realizado por el Dr. D. Antonio Salmerón Cabañas

D. Antonio Salmerón Cabañas

D. Antonio Salmerón Cabañas

 

Un hermoso trabajo digital del Escudo de armas del Escudo de armas para la villa residencial de Centro de Centro de Abundanttia, Estado de Tlaxcala, México , diseñado, pintado e interpretado por la mano del Heraldista el Dr. D. Antonio Salmerón Cabañas, miembro de la SHA (The Society of Heraldic Arts”

El monte de 3 peñas de oro simboliza la riqueza (una montaña de oro) y los escarabajos son muy característicos la fauna de la zona (siempre que en heráldica aparecen escarabajos incluye una referencia a su amigo y estudioso de ello Paul Lindsay, Queensland, Australia y miembro de la  Biblioteca Genealógica Heráldica y Nobiliaria)

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Por |Viernes, octubre 6, 2017|

Exposición “La evolución del Sable desde la Batalla de Bailen” en el Museo de la Batalla de Bailén

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FUENTE:

http://ordendecaballerosballesterosveracruz.blogspot.com.es/2017/10/exposicion-la-evolucion-del-sable-desde.html?spref=fb

ORDEN DE CABALLEROS BALLESTEROS DE LA SANTA VERA-CRUZ DEL REY FERNANDO III

CABALLEROS DE LAS NAVAS. BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA.

Santa Elena.

 

Exposición “La evolución del Sable desde la Batalla de Bailen” en el Museo de la Batalla de Bailén

Del 4 hasta al 31 de octubre en el Museo de la Batalla de Bailen, se podrá disfrutar de la exposición “La evolución del Sable desde la Batalla de Bailén”.

Exposición en la que colabora la Orden de Caballeros y Ballesteros de la Santa Vera Cruz del Rey Fernando III, por gentileza de nuestro Maestre; ya que es el que ha aportado objetos de su propia colección personal.

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Publicado por Orden Caballeros Ballesteros Vera-Cruz

 

Por |Viernes, octubre 6, 2017|

Don Luis Valero de Bernabé y Martín de Eugenio, Marqués de Casa Real, impartirá la conferencia “CABALLERÍA Y HERÁLDICA EN JAPÓN Y SUS DIFERENCIAS CON LA EUROPEA”.

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CONFERENCIA: Miércoles, 17/10/2017, a las 19 horas.

Don Luis Valero de Bernabé y Martín de Eugenio, Marqués de Casa Real, impartirá la conferencia

“CABALLERÍA Y HERÁLDICA EN JAPÓN Y SUS DIFERENCIAS CON LA EUROPEA”.

D. Luis Valero de Bernabé

D. Luis Valero de Bernabé

Y presentación del libro “Procesos de Hidalguía de la Real Corte de Navarra que se conservan en el Archivo Real y General de Navarra. Siglo XVI” por su director, Don Manuel Pardo de Vera y Díaz.

D. Manuel Pardo de Vera

D. Manuel Pardo de Vera

Entrada libre hasta completar aforo.

C/ Jenner 6, bajo dcha. Entrada libre hasta completar aforo.

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Por |Viernes, octubre 6, 2017|

La Real Maestranza de Caballería de Sevilla se suma al apoyo por la unidad de España

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La Real Maestranza de Caballería de Sevilla se suma al apoyo por la unidad de España

Desde este sábado, una bandera nacional pende de la balaustrada de la Puerta del Príncipe por su parte exterior, siendo objeto de las miradas de multitud de turistas y sevillanos. La institución, estrechamente ligada a la Corona, defiende así el conjunto de la nación.

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Por |Jueves, octubre 5, 2017|

Muerte, traslado y entierro de Don Juan de Austria; por D. Rafael Portell Pasamonte

Artículo original sobre su ponencia en el seminario de Santoña; que nos remite para su publicación en el Blog de la Casa Troncal, de D. Rafael Portell Pasamonte, Vicerrector de la Academia Alfonso XIII.

Armas de D. Rafael Portell, por D. Carlos Navarro

Armas de D. Rafael Portell, por D. Carlos Navarro

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Muerte, traslado y entierro de Don Juan de Austria

 

Rafael Portell Pasamonte

 

 Septiembre de 2017

Excelentísimos e Ilustrísimos señores y señoras:

 

 Cuando tuvo noticias Juan de Austria del asesinato de su secretario Escobedo, el 31 de Marzo de 1578, cuando se disponía a regresar a Flandes y las circunstancias en las que se había producido, mientras negociaba el envío de más tropas y dinero a los Países Bajos, (crimen planeado por con toda seguridad por Antonio Pérez, con la aprobación del Rey y que tenía como trasfondo la desconfianza que existía en la Real Persona hacia su medio hermano desde que el maquinador Antonio Pérez, había convencido a Felipe II de que su hermano tramaba a espaldas suyas atacar Inglaterra  y casarse con María Estuardo), cayó en un estado profundo de depresión, al tiempo que progresaba la enfermedad que padecía desde hacia algún tiempo: el tabardillo, que es como se denominaba en aquella época al tifus. Algunos días debía incluso guardar cama.

 A finales de Abril trasladó su cuartel general a Namur, pero al llegar el mes de Septiembre se hizo trasladar, para estar más cerca de sus soldados, al campamento instalado a 3 Kms de Namur y a 6 kms. de Tirlemont, sobre las colinas fortificadas de Bouges, desde donde se dominaba la confluencia del Sambre y el Mosa y no teniendo mejor sitio para instalar su puesto de mando, se eligió el palomar de una granja, que servía de alojamiento al capitán de Infantería, Bernardino de Zuñiga. El palomar que se hallaba destrozado por los cañonazos recibidos, fue limpiado a toda prisa y para hacerlo algo más agradable fue decorado con tapices, alfombras, damasquillos y cortinas, rociando toda la estancia con agua de olor.

Escudo Juan Austria

Escudo Juan Austria

 A mediados del mes de Septiembre, en concreto al anochecer del martes 16, se sintió repentinamente enfermo, con gran calentura y desazón en todos sus miembros, que duraron todas la noche. Al día siguiente, aún con fiebre y dolorida la cabeza, se levantó a la hora acostumbrada, desayunó, oyó misa, despacho unos cuantos asuntos ordinarios y a continuación celebró Consejo, y terminado este, visitó los cuarteles de la tropa en Tirlemont, pero al volver al inmundo cuchitril que le servía de residencia, tuvo que acostarse debido a la fiebre que le consumía.

 El día 28 mandó llamar a sus Maestres de Campo, a los Consejeros de Estado y demás altas autoridades del ejército y ante ellos, como testigos, resignó el mando, entregándole el bastón de mando, a Alejandro de Farnesio, Príncipe de Parma, que estaba postrado de rodillas a los pies de su cama, tan afligido que el Conde de Mansfeld tuvo que levantarle y consolarle. Don Juan, a continuación, se dirigió a su confesor Fray Francisco de Orantes, diciéndole en la voz más alta que pudo pronunciar para que todos le oyesen:

 “Que no dejaba testamento porque nada poseía en el mundo que no fuese de su hermano y Señor el Rey, y que a este, por lo tanto, le tocaba disponer de todo”

“Que encomendaba al Rey su alma y su cuerpo; su alma, para que le mandase hacer sufragios y su cuerpo, para que lo hiciese enterrar junto a su padre”

“Que respetara su hermano el nombramiento que había hecho a su sobrino Alejandro Farnesio”

Final de la carta autógrafa de don Juan de Austria a Felipe II

Final de la carta autógrafa de don Juan de Austria a Felipe II

 Dio después algunas recomendaciones y consejos a Alejandro de Farnesio y al resto de los presentes, para poco después caer un profundo sopor y sufrir constantes delirios, que le duraron dos días.

 Al amanecer del día 1 de Octubre recobró la lucidez por un breve periodo, en el cual, postrado en el lecho, oyó misa, quitándose un bonetillo que le habían puesto en la cabeza, en el momento del alzamiento del Santísimo Sacramento. Terminado el Santo Sacrificio, recibió la extremaunción, pero poco después le acometió con extrema fuerza, un nuevo delirio, en el cual, creyendo que estaba mandando una batalla, arengó a sus hombres, ordenó militarmente a sus batallones, llamó por sus nombres a sus Capitanes para reprenderles por dejarse cortar el paso por sus enemigos. Mientras todo esto acontecía no dejaba de clamar por el Marqués de Santa Cruz, a quien llamaba “Don Álvaro amigo”.

 Poco a poco se fue sosegando hasta quedar sumido en muy profundo sopor, sin duda precursor de la inmediata muerte. A eso de las once, don Juan, dio un profundo suspiro mientras, con voz muy débil, articulaba “¡Tia!…¡Tia!…¡Señora tía!.” Fueron sus últimas palabras y a la una y media, placenteramente, fallecía el vencedor de Lepanto. Era el 1 de Octubre de 1578 a los 38 años de edad. Sobre su pecho descansaba el Cristo de los moriscos.

 Ahora bien, ¿Don Juan de Austria murió realmente de tabardillo como nos hace creer la historiografía. Pues no. La realidad es más prosaica y vulgar. Don Juan, efectivamente, padecía el tifús, como la mayoría de sus capitanes, pero la causa inmediata y real fueron unas hemorroides mal tratadas, pero resultaba más honorable y solemne decir que falleció de “fiebres”.

 El hijo natural del Emperador padecía al igual que su padre de la misma dolencia, dolorosa en extremo al montar a caballo. Según el testimonio de su médico en la Batalla de Lepanto, Dario Daza, una fallida operación de hemorroides y el debilitamiento causado por el tifus acabaron con su vida.

 Este médico nos narra:

 “El remedio de tratar las almorranas con sanguijuelas es más seguro que el rajarlas o abrirlas con lanceta, porque de rajarlas algunas veces se vienen a hacer llagas muy corrosivas, y de abrirlas con lanceta lo más común es quedar con fístula y alguna vez es causa de repentina muerte; como acaeció al serenísimo Don Juan de Austria, el cual, después de tantas victorias vino a morir miserablemente a manos de médicos y cirujanos, porque consultaron y muy mal darle una lancetada en una almorrana que provocó una fuerte hemorragia en el cuerpo del general, desangrándole en cuestión de horas

 Las órdenes recibidas de Felipe II eran que se oficiasen sus funerales y se depositase su cuerpo en la catedral de Namur.

 Para poder trasladarlo, su cuerpo fue embalsamado en la cercana aldea de Bouges y sus entrañas colocadas dentro de una vasija. Pocos días después en cortejo solemne fue llevado a Namur. El cadáver, al que se vistió con un jubón holandés con pasamaneria de plata y oro, su armadura con el collar del toisón de oro al pecho y en la cabeza, un bonete de raso carmesí (Ya que había sido rapado completamente) y sobre este, una corona ducal de tela de oro adornada con piedras preciosas (en recuerdo de las coronas que nunca ciñó), a los pies, la celada y manoplas, fue colocado en un féretro de ceremonias ricamente adornado con brocados negros.

 Todos querían tener el honor de llevarlo; los españoles porque era hermano de su Rey; los alemanes porque había nacido en Alemania y los flamencos porque era su gobernador, tal es así que se hubieron de formar turnos y seleccionar soldados de cada unidad para que todas ellas pudieran participar en la comitiva, que roncos los pifanos, destampladas las cajas, banderas y picas arrastrando, los arcabuces puestos al revés conducían los restos del joven general. Tropas españolas y walonas, en doble hilera, cubrían la carrera desde Bouges hasta Namur. Primeramente fue llevado a hombros por gentileshombres de su confianza, luego por maestres de campo, a los que acompañaban el conde de Mansfeld, Octavio Gonzaga, Pedro de Toledo y el Marqués de Villafranca y detrás de ellos, a cierta distancia, Alejandro de Farnesio acompañado del obispo de Arrás, y finalmente, seguían a continuación los oficiales y soldados elegidos.

Soldados a caballo

Soldados a caballo

 El triste cortejo cruzó toda la ciudad de Namur hasta la Catedral de Saint-Aubain, de estilo gótico y de la que solo se conserva en la actualidad la torre. El cuerpo de don Juan de Austria fue allí depositado, en la nave central rodeado de un bosque de cirios encendidos, comenzándose los funerales, presididos por el obispo de Namur, que duraron desde las diez de la mañana hasta el anochecer. Terminadas las honras fúnebres el féretro fue inhumado.

 A los cinco meses, Felipe II ordenó que fuese trasladado a El Escorial, pero con la máxima discreción y secretismo que fuera posible. Se pidió permiso a Francia para poder cruzar su territorio sin ser molestados y ocultando en la petición el motivo real. Se quería evitar un traslado oficial porque significaba un cortejo solemne que tendría numerosas paradas que retrasarían el viaje y lo exponían a dudosas cortesías, recibimientos fríos y posibles fricciones en un momento en que las relaciones entre ambos vecinos era, como en tantas ocasiones, tensas.

 El cuerpo embalsamado de don Juan, fue desenterrado, desnudado y convenientemente perfumado, verificándose que tenia la nariz “un poco desgastada“. Para no tener que responder a preguntas embarazosas, se decidió que el cadáver fuera cortado. Se seccionó la momia por dos sitios, una por el “cabo de la espina” (la base del cuello) y otra por la coyuntura de las rodillas, de tal forma que en el momento del entierro definitivo el cuerpo estuviera otra vez entero. Se metieron las tres partes en sendas bolsas de cuero, que fueron aromatizadas con hierbas olorosas y mirra, que a su vez se introdujeron en un cofre cerrado, forrado de terciopelo negro, que sería llevado a lomos de caballos de los soldados como bagaje personal.

 Un mes después de haberlo sacado de la tumba, el 18 de Marzo de 1579, una comitiva de un centenar de soldados inició, a pie el retorno hacia España, sin ningún tipo de estandarte ni bandera.

 En cuanto a sus entrañas, que como ya se ha dicho estaban depositadas en una vasija, quedaron en Namur, Alejandro Farnesio dispuso que se retirara el corazón y  lo depositaran en una urna para que fuese guardado en la Catedral de Namur. Cuando se hizo la nueva Catedral el corazón del príncipe fue depositado tras el altar mayor, bajo su lápida original, la que mandara hacer Farnesio.

 “El Serenísimo Príncipe don Juan de Austria, hijo del Emperador Carlos V, después de haber reducido en la Bética a lo moros rebeldes, puesto en fuga y destruido por entero la inmensa flota turca en Patras, murió en la flor de la edad en Bouges, siendo Virrey en Bélgica, en recuerdo suyo, su amado tío Alejandro Farnesio, Príncipe de Parma y de Placencia, sucesor en el Imperio por orden de Felipe, rey poderoso de España, mandó colocar esta lápida sobre su cenotafio. 1578”

 Pero volvamos a la comitiva fúnebre. Como ya se ha dicho el 18 de Marzo de 1579, partió de la ciudad de Namur dirigiéndose a la ciudad francesa de Nantes, en donde embarcaron con rumbo a Santander, sin haber tenido sin ningún contratiempo digno de mencionar.

 Ya en tierra firme, se formó, nuevamente, la gris y silenciosa comitiva hasta llegar a la provincia de Segovia, donde se encaminaron directamente a la Abadía de Parraces, que alcanzaron el 21 de Mayo de 1579.

 En la Abadía se recompuso el cuerpo de Don Juan e introducido en un lujoso ataúd de dos puertas, forrado de negro, para seguidamente exponerlo al publico parta anular los rumores que circulaban de que el cadáver no había llegado entero a España. Durante toda la noche fue velado y por la mañana, con gran ceremonial, se formó el cortejo fúnebre, con una escolta de cuatrocientos hombres a caballo, abandonada ya toda la discreción tomada durante el viaje por tierras extrañas, para recorrer los 60 kms. que separan la abadía del Monasterio de El Escorial. Alcaldes, capellanes, frailes, caballeros e incluso Mateo Vázquez de Leca, secretario del Rey y el Obispo de Ávila con su séquito, formaban el acompañamiento.

 En cada pueblo en que pernoctaba el séquito, se rezaban responsos y misas durante toda la noche. Cada vez se iba añadiendo más gente al cortejo fúnebre.  

Llegaron a San Lorenzo el 24 de Mayo a las siete de la tarde donde salieron a recibirle todos los clérigos encabezados por el Vicario. Allí estaban a esperarle

todos lo prohombres del reino. Incluido Don Juan de Tarsis, el correo de Su Majestad. Al día siguiente el Obispo dijo la misa de pontifical, en presencia de Felipe II y de la corte, con todo el boato y ceremonial que reclamaba la ocasión, es decir, el tratamiento reservado a los miembros de la familia real. Al terminar la ceremonia se leyó una cédula del Rey en la que mandaba: “que se dejase allí en depósito el cuerpo de su “muy amado hermano” donde están los demás cuerpos reales hasta que se le lleve a enterrar en Iglesia principal”

Sus restos descansan actualmente en el Panteón de Infantes de San Lorenzo de El Escorial en la 5ª cámara.

 El sepulcro, realizado en mármol blanco de Carrara, está colocado en el centro de la cámara. Sobre él, cubierta con un paño mortuorio, hecho del mismo mármol, yace la estatua del héroe, de tamaño natural. Viste un completo arnés de guerra, ostenta el collar del Toisón de oro, tiene la espada cogida con ambas manos, en las que luce diez y seis anillos, y descansa la descubierta cabeza en dos cojines. A un lado y otro de los pies se ven los guanteletes, y en el centro un león. Esta preciosa estatua.

Estatua yacente de Juan de Austria

Estatua yacente de Juan de Austria

Detalle tumba - Manos

Detalle tumba – Manos

Detalle tumba - Guanteletes

Detalle tumba – Guanteletes

 En el tablero que mira al altar se lee la inscripción siguiente:

      JOHANNES AVSTRIACVS

     CAROLI V FIL. NATVRALIS

(Juan de Austria — Hijo natural de Carlos V.)

 Como curiosidad hay que apuntar que por no morir en combate, está representado con los guanteletes quitados. Se trata sin duda de una tumba de extraordinaria importancia, no sólo por el personaje de que se trata sino por la maestría de la talla. La delicadeza de la talla y los detalles son verdaderamente asombrosos. La obra está tallada por el escultor italiano, Giuseppe Galleoti, según dibujos de Ponciano Ponzano. 

 “Hizome eterno Lepanto,

mozo he muerto viejo fui;

que al mundo en un tiempo di,

lástima, envidia, espanto”

 

Lope de Vega

 

Muchas gracias por la atención prestada.

Cartel anunciador

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