Plaza Mayor n° 6, Soria, España

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Capítulo en Honor a San Juan Bautista celebrado el pasado sábado en el Oratorio San Felipe Neri por la Real y Benemérita Institución de los Caballeros Hospitalarios Españoles de San Juan Bautista

Artículo sobre noticia que nos remite mi querido amigo D. Jesús Rodríguez Arias, Caballero Hospitalario y que  inicialmente lo ha  publicado en su blog SED VALIENTES  y que con sumo placer lo reproduzco en su integridad en el Blog de la Casa Troncal de los Doce Linajes de Soria.

Fuente: http://sedvalientes.blogspot.com.es/2017/06/capitulo-en-honor-de-san-juan-bautista.html

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Por |Miércoles, junio 28, 2017|

LA IMAGINACIÓN ARMERA; por D. JOSÉ MARÍA DE MONTELLS Y GALAN

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 TEXTO DE LA COMUNICACION PRESENTADA POR MÍ EN EL TERCER CONGRESO DE GENEALOGÍA HERÁLDICA Y NOBILIARIA

LA IMAGINACIÓN ARMERA JOSÉ MARÍA DE MONTELLS

Excmos. Sres., señoras y señores, amigos todos:

Vaya por delante que esta vez mi salud no me ha permitido estar presente el congreso, lo que lamento profundamente. En la próxima ocasión no faltaré. Espero me sepan disculpar.

Cuando me pidieron una comunicación para este congreso, se me ocurrió contarles algunas experiencias veraniegas que algo tienen que ver con nuestra ciencia. Que nadie espere una disertación erudita, que no estoy para muchos trotes, porque lo que deseo es entretenerles un poco, entre tanta seriedad y cientifismo, que también la Heráldica es juego frívolo y pacífica evocación, como me propongo demostrar con estas palabras.

Cumpliendo el rito semanal de poner al día la correspondencia atrasada, leí en los primeros días del pasado mes de mayo la carta que desde la lejana Venezuela me envía un amigo de allá, para comentarme en plan erudito, que el “aspergus belitis ” del que hablaba yo en un artículo sobre la blasonería del Marqués de Bradomín, debe denominarse centauro marino o marinado. Decía yo en aquella ocasión que lo había visto en el escudo de un notable albanés de las montañas de Escutari y que viene pintado en un grabado con la mirada fiera y armado de alabarda.

No siempre ha sido así, que los centauros con cola de pez aparecen en muchos cartularios, retozando alegremente con las sirenas y tritones, bajo la faz hinchada de un infante que figura, representándole, el viento silbador.

Me dice en su carta mi amigo venezolano que no le extraña que el dicho centauro sea de origen albanés, que él tiene fichado uno, de soporte en el escudo de una familia arberesha, o sea de una familia italiana, cuyos antepasados huyeron de Albania cuando los turcos y quedaron establecidos en Sicilia.

Esto de los animales fantásticos en la heráldica tiene muy diversas procedencias, aunque los más son nacidos en la pérfida Albión que, para retorcidos y poco cultivados, los ingleses.

En la heraldería española hay pocos, que a nosotros nos basta con bestias conocidas, casi cotidianas, a las que, luego de algún lance, les tomamos cariño y las pintamos como emblemas, más feroces aún, de lo que son en realidad. Si hacemos recuento, algún dragón tenemos, algún endriago, alguna sirena, pero pare usted de contar. Que yo sepa, hay que irse al blasón de don Manuel Godoy, el Príncipe de la Paz, para ver en la cimera una cabeza de Jano, que es la cabeza de un hombre con dos rostros, el uno a la diestra y el otro a la siniestra.

A mi amigo venezolano que me amonesta muy sutilmente por no llamar centauro marino al aspergo, le contesto en una carta que el bicho éste fue emblema de la dinastía Atálida que reinó en Pérgamo y que la forma correcta para nombrarle es ictiocentauro, que lo tengo sabido por mi señor padre, que yendo de excursión hacia las Cíes, saludó a uno de esta especie, pero el animal, altivo, ni le contestó. Y es que, desde hace algún tiempo, colecciono noticias de los seres quiméricos y tengo algunas de cierto interés.

Como no soy avaricioso y me gusta compartir con los amigos lo variado que es el mundo, en mi respuesta al sabio venezolano que me ha reconvenido, le cuento cómo un mantícora enamoró de una harpía en un jardín heráldico. Al mantícora se le pintaba en el siglo XV con un cuerpo leonado de gules, la cabeza de un anciano con la barba y los cabellos al viento, dos cuernos en espiral y la cola en un aguijón, pero a partir del XVII, se le describe como un león monstruoso. Mi hija Berta me ha dibujado uno, que peina sierpes en la cabeza y la barba, que así aparece en la moderna heraldería británica. A la harpía se la conoce más. Ya se sabe que se le representa como un ave con rostro de mujer.

La ciudad de Nuremberg trae en su escudo una, de grandes y redondos pechos. Parecida sería la que prendase con los sus ojos, la fría mirada del señor mantícora. Se conocieron en el jardín de Foringal, que era selva heráldica donde brotaban asilvestradas las lises del Cristianísimo, las rosas del Defensor de la Fe, las granadas de su Católica Majestad y grandes macizos de ginesta del Rey Fidelísimo y aún algunas plantas monstruosas como la mandrágora y la rosa dimidiada de doña Catalina de Aragón. Allí la conoció; cuando felino y artero acechaba una cierva, la harpía cantaba una triste salmodia, que el mantícora creyó haber oído antes. Se miraron un segundo a los ojos y fue visto y no visto, que al instante la bestia le requirió de amores. Horrorizóse la harpía ante la pretensión y no recogió la lis que el monstruo le ofrecía. De la cólera, iró el rostro humano del mantícora y fueron las sierpes de la testa quienes ulularon amenazantes, pero la harpía sonrió burlona y emprendió el vuelo y en Foringal se apagaron las últimas luces encendidas.

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Todo esto lo se porque, entre mis títulos, llevo muy a gala el de farero y estando en las tareas de mi noble arte en el pantano de Valmayor, que es presa artificial cerca de San Lorenzo de El Escorial, vino a posarse submarina, justo la noche de San Juan del año de gracia de 2016, la ciudad encantada de Foringal. Yo la vi bajar de las alturas, que la reconocí por la bandera verde, el dulce canto del trovador y el ciprés que había camino de la catedral. Dos días tañó la campana bajo las aguas.

No se por qué razón vino Foringal a ahogarse en Valmayor, que no tiene el pantano señas más propias que un faro, puesto en un risco, y los pescadores de agua dulce los domingos. Quizá sea porque el Consejo de la ciudad quiso ponerse por nombre Foringal de Valmayor para disimular con las harpías, que desde la historia de amor del señor mantícora, le tenían terrible inquina y deseaban su destrucción, pero lo cierto es que fuera el propio animal quien me lo contase, un día que buscaba en la orilla la flor del geranio, que es flor de Samarkanda y se sirve en tisana para adivinar el porvenir, no se si con la intención de preguntarse por su amor desgraciado. No sólo hay mantícoras en Foringal, que alguna sirena me he encontrado.

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En esto de la ciencia de las sirenas no hay quien me gane que, como me viene de familia, las tengo muy estudiadas. En el medievo, se consideraban una clase de bestia, cuyos cabellos son una especie de plumón que el agua no empapa ni deforma. En la cimera de los La Rochefoucold, aparece una con alas de mariposa. Hay alguna que lleva alas membranosas como de dragón, pero lo usual es que posea un rostro hermoso “con gracioso mohín en labios gordezuelos y leve respingo en la nariz” en palabras del poeta; risueña, como el de las que sostienen el escudo de los Zafra y los Cobos, con blonda cabellera veneciana y una sola cola, en ocasiones, cercenada. (En el escudo de los Marinas de Mugardos que se describe: de plata sirena al natural afrontada, de cabellos tendidos, empuñando con sus manos sendos trozos de la cortada cola, que gotea sangre sobre ondas de plata y azur).

En la cimera de la familia canaria de los Cuen lleva peine y espejo, y alguna vez se la ve con un violín por representar su canto que hacía naufragar al navegante. La de Foringal es sirena moza de alto pecho, de justas proporciones, de cantarína voz y de triste mirada. Una bella señora. Como ella, sólo la tengo vista en las armas de los Alvarado en Secadura (Santander). Y quizás en el escudo de los Sueyras de mis sangres, puesta en palo, los cabellos al viento y el blasón brochante sobre el cuerpo. Sin olvidar tampoco la que puso en su escusón mi señor Marques de Bradomín, que no siendo como esta de mi pantano se le asemeja un poco. Al figurado faro de Valmayor viene la sirena de Foringal, cuando anochece. Se pone lejana y estatuaria, sobre una roca. Y espera a que encienda la luz que rasgue la “niebla, para entonar su nostálgico canto”. No es habladora como el mantícora, pero acompaña mucho.

En la blasonería, la sirena simboliza la lujuria y la inconstancia. Aunque tengo para mí que debiera proclamar un origen preclaro, el comienzo del linaje del tiempo aquel, cuando los dioses engendraban las pasiones en el humano corazón y el mundo inauguraba la furia y la locura. Desde el faro de Valmayor he visto muchas cosas, maniobras náuticas que me callo por mi natural discreto. Soy de los que piensan que hay que dejar hacer a la Naturaleza y que el mundo está bien hecho y lo que hoy no se explica, mañana algún amigo como el mantícora, enamorado, te lo cuenta.

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En la heraldería se ven reflejadas, como si fuera un pantano de agua límpida, las cosas que pasan. Historias de un amor desgraciado, de una traición antigua, de un rencor envidioso. No se si alguna vez he dicho que los escudos sorprenden en ocasiones al heraldista y lo melancolizan. Recuerdo ahora el blasón de don Alexis de Anjou de Borbón-Condé, que muchos dicen que se nombraba con otro nombre y que era falsario y embaucador. Yo no lo supe nunca y bien que se lo pregunté. Alguna vez sacaba de un cajón un grabado antiguo con las armas de Rurik, el fundador de la dinastía de los zares y decía muy seguro de si mismo: “Este es el escudo de los míos “. Y le brillaban mucho los ojos y yo temía que se le saltase una lágrima.

Gente hubo, y hay todavía, que me reprocha aquella amistad e incluso lo ponen en los papeles, eso si, sin decir mi nombre, no vaya a ser que me moleste. No me molesta, aunque haya muy mala intención. Se murió aquel enigma, cuando ya se había roto la relación y ahora lo siento, que pienso en el blasón de Rurik y me sacude un repenterre de tristeza. No recuerdo ahora si en el blasón rurikida figura un dragón o un águila, pero estoy por apostar que hay alguna imagen quimérica por representar las glorias de los lejanos tiempos de la fundación de aquel imperio, porque no se me ocurre nada mejor para definir el lenguaje armero que describirlo como el reino de la imaginación.

Me dejé en el tintero algunos, unos, por desconocimiento, otros por estar mal documentados, que no dejan de constituir curiosamente un catálogo monstruoso que revelaré aquí por vez primera, como si de una primicia se tratase. Vaya por delante que todos estos seres que han cobrado vida en la heráldica, han nacido en la literatura y que de las interrelaciones de ambas disciplinas, tenemos ahora un maravilloso parque zoológico que no tiene correspondencia en la realidad cotidiana con los animales conocidos, pero que demuestra una vez más la virtualidad de un lenguaje portentosamente lúcido para referirnos a lo que no se puede contar con palabras y necesariamente debe ser representado por símbolos. En el Bestiario de Cambridge, en el libro del Príncipe Arturo, en los archivos del Colegio de Armas del Reino Unido y en obras más próxima a nosotros, desde “El Caballero de la Carreta” de Chretien de Troyes al “Unicornio” de Mújica Lainez hay encuentros con lo mágico, como el que acabo yo de relataros con la sirena de mi lago encantado de Foringal de Valmayor, que de vez en vez, nos reconcilian con aquel mundo infantil de la fantasía, que hemos ido perdiendo en los diarios afanes con los que la vida nos va sutilmente esclavizando.

Tengo por tanto ahora que describirles tres quiméricas criaturas de las descubiertas durante la holganza estival, que ejemplarizan un poco una vieja tesis mía que pretende otorgarle al Arte Heráldico tratamiento de poético lenguaje. ¿Qué es sino una metáfora, un ser alado, con rostro y pecho de mujer, garras y alas de águila y cola de serpiente? Esta extraordinaria figura decora antiguos manuscritos y aparece como soporte en algunos escudos británicos. Ciertos autores han creído ver en ella al monstruo en el que se convertía Melusina, el hada fundadora de castillo de los Lusignan, cuando entraba en transformación. Los ingleses llaman a este monstruo “serpent woman”, literalmente mujer sierpe pero tal quimera merece, a mi modesto entender, nombre propio, que pudiera ser el ya referido de la mítica bruja , con el que los herejes anglicanos se refieren a la sirena de dos colas. Otro emblema heráldico que transgrede todo lo conocido hasta hoy en el mundo animal, es lo que en esa heraldería se nombra “Gamelyon” y nosotros podríamos traducir muy torpemente por “león de batalla” o más propiamente como “podenco leonado y dragonado”, que consiste en un león con cabeza y cuello de perro y alas de dragón y que viene pintado como soporte del blasón de Thomas Gadner del condado de Devon en el año del señor de 1557. Se me antoja que esta bestia, una vez domesticada, será dócil y cariñosa, a la vez que fiero guardián de las posesiones de su dueño y señor. Cuando lo vi por primera vez he de confesar que tuve el pálpito de sentirme a gusto en su compañía en las soledades de mi faro de Valmayor, cuando no goce de la charla del mantícora del principio.

Para finalizar este breve recuento de animales imaginarios, me referiré a un monstruo que nunca había visto en los blasones y que encontré no sin sorpresa en el escudo de don Ricardo Abito, filipino de nación, que registró sus armas en Sudáfrica en 1995, y que podría describirse como un lobo con cabeza y cuernos de antílope, garras delanteras de águila y cola de dragón. No conozco el nombre del heraldista que le pintó al sr. Abito ser tan extraño, pero ya lo tengo en un altarcito, porque me resulta admirable que en genial trazo retrate, siquiera anímicamente, al poseedor de blasón tan poco habitual, que verlo y figurarte al sr. Abito es todo uno, que la bestia en cuestión debe resumir sus virtudes y simbolizarlas.

Y es que la Ciencia Heráldica da para mucho y el conocimiento de sus secretos te ensancha el horizonte. Y cuando se ve, como yo he visto en un blasón albanes un ictiocentauro conviene ser precavido porque siembre hay una historia que se puede contar.

Que se sepa de antemano que estas cosas, sólo se desvelan a la raza de los ensoñadores, que como decía mi amigo Cunqueiro, quien tenga la virtud del sueño está muchas veces cerca del prodigio.

He dicho.

Por |Miércoles, junio 28, 2017|

Giorgi Bagration, un niño concebido para ser el próximo rey de Georgia

Escudo Casa Real Georgia

Escudo Casa Real Georgia

Fuente: http://www.elmundo.es/loc/2017/06/24/594d3581468aebee668b4623.HTML

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Por |Martes, junio 27, 2017|

Acto de entrega a D. Miguel Dongil del Premio del IV Concurso de Investigaciones en Historia de la Medicina de Asturias

Como anunciábamos en otra entrada anterior, el historiador y colaborador en este Blog de los Doce Linajes de Soria; D. Miguel Dongil y Sánchez, recibió el pasado 23 de Junio el Premio del IV Concurso de Investigaciones en Historia de la Medicina de Asturias.

Palabras del propio D. Miguel que reproducimos:

“El acto de entrega de mi Premio del IV Concurso de Investigación en Historia de la Medicina, en la tarde noche de ayer fue precioso. 

Estuve rodeado de familiares, amigos y de un Salón de Actos repleto de Médicos Colegiados y otros asistentes. Más de 200 personas.

Después del acto de Entrega pude departir calurosamente con el Dr. Alejandro, Presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Asturias.

Gracias a todos por vuestro interés”.

Fotos del acto:

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Por |Martes, junio 27, 2017|

Publicado el nuevo número (33) de la prestigiosa revista de la Real Asociación de los Caballeros de Yuste

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Por |Martes, junio 27, 2017|

ATENEO DE ILUGO: CRÓNICA DEL III CONGRESO DE GENEALOGÍA, HERÁLDICA, NOBILIARIA Y CC INSTRUMENTALES DE LA HISTORIA

Fuente:http://ateneodeilugo.blogspot.com.es/2017/06/cronica-del-iii-congreso-de-genealogia.HTML

 

D. Francisco Armijo Higueras, presidente del Ateneo de Ilugo, nos remite la crónica del III   CONGRESO DE GENEALOGÍA, HERÁLDICA, NOBILIARIA Y CC INSTRUMENTALES DE LA HISTORIA, que se celebraron los días  23 y 24 de Junio en Santisteban del Puerto (Jaén)

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Por |Lunes, junio 26, 2017|

La H.N.M.E. ha conmemorado hoy en Mallorca el tercer aniversario de la proclamación de S.M. el Rey Felipe VI

Fuente: http://www.elmonarquico.com/texto-diario/mostrar/761027/hnme-conmemora-tercer-aniversario-proclamacion-sm-rey-felipevi

Hermandad Nacional Monárquica de España

Hermandad Nacional Monárquica de España

La H.N.M.E.  ha conmemorado hoy en Mallorca el tercer aniversario de la proclamación de S.M. el Rey Felipe VI

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Pincha en el enlace para ver GALERÍA COMPLETA:

http://www.elmonarquico.com/albums/view/conmemoracion-tercer-aniversario-de-la-proclamacion-del-rey-felipe-vi-mallorca-junio-2017

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Por |Domingo, junio 25, 2017|

El artista heráldico Dr. D. Antonio Salmerón Cabañas, recibe el agradecimiento de S.M. el Rey por su trabajo heráldico

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El artista heráldico Dr. D. Antonio Salmerón Cabañas, recibe el reconocimiento y agradecimiento de S.M. Felipe VI, por su trabajo de interpretación de sus armas, basadas en la proporción áurea

D. Antonio, se muestra feliz, tras haber recibido una carta de la Casa Real donde Su Majestad el Rey en la que se le agradece la interpretación de sus armas, que realizó basándose en la proporción áurea (también conocido como número de oro).

D. Antonio remitió a la Casa Real, como un libro, encuadernado en piel, grabado en oro, interior de tela de muaré, en papel de alto gramaje, y del que sólo hay, actualmente, 2 ejemplares en el mundo, uno en la Casa Real y otro del que se muestran 3 fotos.

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Las siguientes imágenes muestran su proceso de trabajo para la realización de este escudo real y áureo.

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Por |Domingo, junio 25, 2017|

Juan de Grijalva. Descubridor del imperio azteca; por D. José M. Huidobro

Artículo de fecha 17-03-2017 de D. José Manuel Huidobro 

Caballero de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, Miembro de la Real Asociación de Hidalgos de España. Máster en Derecho Nobiliario, Heráldica y Genealogía (UNED). Autor de 57 libros y más de 1.000 artículos.

Juan de Grijalva. Descubridor del imperio azteca

 Participó en la exploración y conquista de Cuba (Fernandina) con el adelantado Diego Velázquez de Cuéllar, de quien fue capitán. 

Participó en la exploración a las costas mexicanas en la que destacaron la exploración de Yucatán y de Tabasco; en la exploración de Francisco de Garay de las costas y territorios del Norte en el actual Estado de Veracruz y golfo de México y en la conquista de Honduras con Pedrarias Dávila. Gracias a su testimonio los españoles conocieron la existencia del Imperio azteca. 

Juan de Grijalba o Grijalva, de origen hidalgo, nació en Cuellar (Segovia) en 1490.

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Acompañó, en su juventud, a su tío Pánfilo de Narváez a La Española (Santo Doningo), desde donde partió en la expedición de su paisano Diego Velázquez de Cuellar a Cuba, que algunas fuentes citan como su tío. Intervino en el proceso de conquista y colonización de la isla desde 1511 y, dos años después, a las órdenes de Narváez, recorrió y sometió el interior del territorio. Según la crónica de Herrera, cuando Velázquez partió para celebrar su boda le dejó a cargo de la colonia de Santiago de Cuba, donde residían fray Bartolomé de Las Casas y cincuenta españoles.

En 1514 participó en la fundación de la villa Trinidad, en la que permaneció en calidad de poblador y encomendero hasta que Diego Velázquez le puso al frente de una expedición que tenía la misión de completar las exploraciones que, a lo largo del Golfo de México, entre la Península del Yucatán y la de Florida, había realizado infructuosamente Francisco Hernández de Córdoba* (1517).

*En 1517, Diego Velázquez del Cuellar, gobernador de la isla de Cuba, patrocinó la desafortunada expedición de Hernández de Córdoba que llegara a la península de Yucatán; los pocos sobrevivientes que regresaron relataron que se trataba de una región densamente poblada donde abundaban los objetos de oro. Entusiasmado, el gobernador se dispuso a organizar inmediatamente otra expedición.

 Así, el 25 de enero de 1518, una expedición comandada por Grijalva partió de Santiago de Cuba para explorar la costa del Golfo de México.

Entre los integrantes de la expedición figuraron Pedro de Alvarado, Francisco Montejo, Alonso Dávila y un futuro historiador de la conquista de México: Bernal Díaz del Castillo. Antón de Alaminos –que había integrado la expedición de Hernández de Córdoba– era el piloto mayor, Juan Díaz el capellán, y los acompañaban unos 200 hombres, cañones ligeros y perros de guerra en 4 navíos.

Inician el viaje bordeando la costa norte de la isla, en el puerto más tarde conocido como Matanzas tienen una parada prolongada durante la cual sustituyen una de las naves. Parten hacia el cabo San Antonio-, cruzan el Canal de Yucatán** y el 3 de mayo desembarcan en la isla de las Golondrinas o Cozumel, a la que Grijalva dio el nombre de Santa Cruz, antes de avistar el continente americano.

**La necesidad de reparar algunos desperfectos de las naves obligó a la flota a cruzar un estrecho situado entre tierra firme y una “isla” que antes les había pasado desapercibida. El piloto mayor de la escuadra, Antón de Alaminos, creyó que Yucatán era una isla y la llamó Isla Rica.

Posteriormente recorrieron la costa este del Yucatán y entraron en contacto con distintas poblaciones de origen maya y nahua, herederas de la antigua magnificencia de la cultura maya, en decadencia desde el siglo anterior. Hallaron las bocas de los ríos Usumacinta, Tabasco, Coatzacoalcos y Papaloapan, y establecieron relaciones con los indígenas que poblaban sus márgenes.

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Más tarde alcanzaron la desembocadura de otro río, denominado Banderas por Grijalva, donde tuvieron la primera noticia de la existencia del imperio azteca, al recibir a una embajada enviada por Moctezuma II. El 19 de junio los españoles desembarcaron en las cercanías de la actual Veracruz, en las playas de San Juan de Ulúa, y tomaron posesión de aquel puerto, al que dieron el nombre de Santa María de las Nieves. Pese a la insistencia y presión de algunos de sus capitanes, Grijalva no se atrevió a fundar una colonia, debido a que no tenía instrucciones específicas de Diego de Velázquez

Después de enviar a Alvarado a Cuba con parte del botín obtenido para informar al Gobernador y en busca de refuerzos, Juan de Grijalva continuó su exploración costera hacia el norte, pero, al verse acosado por nativos hostiles en las cercanías de la desembocadura del río Panuco, tras más de cinco meses de viaje y con las provisiones escaseando, siguió el consejo del piloto Antón de Alaminos, decidió regresar, ante la oposición, entre otros, de Montejo y Dávila, llegando a Santiago de Cuba el 21 de septiembre de 1518. Cristóbal de Olid, ante su tardanza, había salido en su busca sin conseguir hallarlo. Tras su regreso a Cuba, fue destituido por Diego Velázquez***, que, condicionado por el informe de Pedro de Alvarado, criticó su falta de decisión colonizadora y envió a Hernán Cortés a conquistar las nuevas tierras descubiertas (1519), circunstancia que lo llevó a ponerse a las órdenes del gobernador Pedrarias Dávila.

 *** ” … nos embarcamos y vamos la vuelta a Cuba, y en 45 días, unas veces con buen tiempo y otras en contrario, llegamos a Santiago de Cuba. donde estaba Diego Velázquez, y él nos hizo buen recibimiento: y desde que vió el oro que traíamos, que serían cuatro mil pesos, y lo que trajo primero Pedro de Alvarado, sería por todo veinte mil; otros decían que era más …” (Bernal Díaz del Castillo). Sin embargo el Gobernador, descontento con la actuación de Grijalva, según los informes recibidos por Alvarado, había dispuesto ya sustituirlo por Hernán Cortés, que saldría de Cuba al año siguiente y conquistaría México-Tenochtitlan.

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En 1523 participó como jefe de escuadra, a las órdenes de Francisco de Garay, en un fallido intento de conquistar el Pánuco, que no fructificó al enviar Cortés varios de sus hombres para impedirlo. Firme partidario de la sumisión pacífica de los indios, murió víctima de un ataque indígena en el transcurso de una exploración que dirigió Pedrarias Dávila por América Central, en Olancho (Honduras), el 21 de enero de 1527, en que fue capturado y sacrificado por los indios, junto con el capitán Hurtado. 

 Sus armas: de oro, cinco claderas de sable puestas en sotuer

 

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 Publicado en el blog “Hidalgos en la Historia” cuyo blogmaster es D. J. Manuel Huidobro

 http://hidalgosenlahistoria.blogspot.com.es/

Por |Domingo, junio 25, 2017|

Feliz cumpleaños a S.A.R. David Bagration Príncipe de Mukhrani, jefe de la Casa Real de Georgia

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Por |Sábado, junio 24, 2017|